La salud es sin duda alguna uno de los aspectos que más preocupa al ser humano desde que el hombre pone los pies en este planeta, ya que de ella depende tanto la duración como la calidad de su existencia.
La OMS define la salud como un estado de equilibrio entre todos los niveles que componen al ser humano, físico, psíquico y relacional o social, algo más ¿quizás?... que le permiten enfrentarse al día a día respetando las limitaciones propias del ser humano, por su composición y constitución.
En oposición a la salud, está la falta de salud, es decir, la aparición de síntomas que nos alejan de ese estado de bienestar y que nos impiden encontrarnos “bien”. Los síntomas pueden ser de diferente índole, ¡seguro que todos hemos sufrido alguno!..pero independientemente de su tipología, la realidad es que cualquier síntoma merma las capacidades de acción del hombre.
Sin embargo, no todos tienen el mismo origen y es por ello que se puede distinguir entre síntomas de salud y síntomas de enfermedad. Estos últimos están provocados por agentes externos al organismo, virus, bacterias, accidentes, elementos tóxicos que se introducen en él a través de la alimentación, por inhalación de gases, exposición a ellos,…Para combatirlos en necesaria la acción de la medicina tradicional o académica, que conoce y estudia las patologías de la enfermedad y las acciones necesarias para combatirla.
Pero hay otros síntomas cuyo origen reside en un mal funcionamiento del sistema celular, creado por una mala lectura o una errónea interpretación de lo escrito en los genes por parte de los orgánulos celulares, que ya no producen lo correcto para el buen funcionamiento del organismo. Esta mala lectura y/o interpretación provocará síntomas de salud, donde no hay enfermedad que tratar, pero el malestar o disfuncionamiento se produce igualmente y de no corregirse, antes o después llegarán a ser patologías a tratar.
La ciencia que estudia esas posibilidades de lectura es la Epigenética. Si utilizamos un símil, se podría comparar a las células con los obreros de una fábrica, es decir, son las que realizan el trabajo para nuestro organismo y para que ello sea posible deben apoyarse en instrucciones o informaciones previamente inscritas en el genoma humano. Pero si no han podido leer correctamente las instrucciones sobre las que se deben apoyar, el trabajo que desempeñan no es el adecuado; para poder tomar conciencia de ello, aparecerán síntomas como testigos de ese mal funcionamiento celular.
Si existiese la posibilidad de actuar y “ponerle unas gafas” que permitiese a los orgánulos celulares ver correctamente las instrucciones a seguir, no sólo los síntomas desaparecerían, sino que las células recuperarían el funcionamiento espontáneo para el que están diseñadas, pudiendo evitarse así el desarrollo de la enfermedad.
Esa posibilidad ya existe, es una técnica denominada Reflexología Celular y uno de los objetivos de este blog es dárosla a conocer.
La Reflexología Celular actúa reinformando a las células para permitir que recuperen su funcionalidad y que realicen de manera espontánea el trabajo para el que están diseñadas, respondiendo plenamente a una programación de desarrollo y evolución del ser humano en todas sus facetas, las materializadas (físicas) y las que aún no lo están (metafísicas), lo cual no quiere decir que no formen parte de nuestra composición y tengan una influencia directa por tanto sobre nuestra SALUD.